Ve el
video: Cuando toqué con Viento Roots
Llegué a una casa en el Barrio Antiguo de Monterrey y me
recibió un integrante de la banda Viento Roots. “Estamos por empezar a ensayar”.
Casual, saqué el sax, la partitura y esperé a que iniciaran con la canción que
llevaba casi una semana practicando. Al parecer, estaba lista para el día
siguiente, el día en el que por primera vez mi saxofón y yo nos íbamos a subir
a un escenario ante cientos de desconocidos.
El viernes por la tarde volví a practicar la canción. Nada
complicado: re, fa, mi, do, re, fa, mi, do, la, fa, mi, do, re, mi, fa, sol...
Nada de sostenidos ni bemoles, una sencilla escala de do natural. Llegué a la
Arena Santa Lucía y mi corazón empezó a latir más fuerte cuando pasé por una
entrada lateral y me preguntaron “¿Vas a tocar? Entras por aquí”. Traté de
mostrar naturalidad, pero casi estoy segura de que no lo logré cuando dije “Sí,
voy a tocar”, en punto de las 8 de la noche.
Enseguida me encontré a mi maestro de sax, saxofonista de la
banda y quien nos invitó a una compañera de clase y a mí a participar en la
canción “Sale el sol” en ese concierto. Faltaba una hora y media para salir a
tocar, así que tuve el suficiente tiempo para asimilar que estaba en el
backstage como parte de una banda musical, como tocada previa al concierto de
los grandes Skatalites.
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| Viento Roots afinando para su presentación. |
Faltaba media hora cuando sacamos los instrumentos y
empezamos a afinar. “Dame un sol”, me dijo el trombón. “Dame un do”, afinamos
en pocos minutos los dos saxofones amateur, el saxofón tenor y el trombón:
los vientos ya estábamos listos.
Sólo por no dejar, empecé a tocar de memoria las primeras
notas. Re, fa, mi, ¿sol?, ¿do?, ¿re? Y sí, a pocos minutos de empezar olvidé
las notas. Sabía que tendría la partitura frente a mí, pero sentía que iba a
tener un problema de digitación. Los malditos “¿y si…?” me empezaron a
bombardear, mientras mi maestro de sax me contaba lo precavido que aprendió a
ser por tantas anécdotas en presentaciones pasadas.
“Siempre traigo un
clip grande para que no se vuelen las partituras, hay que traerlas entre
plástico y una linterna o dos linternas por si no hay mucha luz en el
escenario, para poder leer bien las notas”, repasé sus tips en la mente y lo
escuché detenidamente para distraerme de lo inevitable.
A las 9:30 de la noche, la banda se subió al escenario. Sólo
era cuestión de esperar, mi compañera y yo debíamos estar listas para subir en
la quinta canción. Comenzaron a tocar y el vocalista empezó a animar a los más
de mil asistentes.
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| Natalia y yo esperando nuestro turno | Foto: Maye Lion |
Durante las cuatro canciones previas, sentía mi corazón palpitar
y, como en todas las situaciones de nervios, me dieron ganas de ir al baño. Mis
dedos parecían mangueras de agua y no paraba de limpiarme. “Si se me resbalan
los dedos en el sax, ya valió”. Empecé a respirar profundamente y se terminó la
cuarta canción.
Subí las escaleras con cuidado de no caerme, mis nervios me
podían traicionar en cualquier momento y justo cuando la luz me hizo entrecerrar
los ojos, todo desapareció y empecé a percibir el momento en una especie de
cámara lenta.
Escuché el sonido de las baquetas que daban inicio a la
canción, la partitura estaba más clara que nunca y mis manos dejaron de sudar. Saqué
un buen sonido en mis primeras notas y me dejé llevar. Me asomé a ver al
público y parecía bailar, traté de buscar a mi intenso entre la audiencia pero
obviamente no lo encontré, noté cómo formaba parte de una melodía y de un
momento único para mí. Los “¿y si…?” se quedaron abajo del escenario.
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| Tocando "Sale el sol" con Viento Roots | Foto: Emilio Sugarman |
El ritmo de la canción y la adrenalina por ver a tanta gente
me hizo querer tocar más fuerte y no niego que me cruzó por la mente empezar a
brincar como loca por todo el escenario. Fueron de los pocos 4 minutos y 10
segundos de mi vida que me parecieron justamente 4 minutos y 10 segundos, ni
más ni menos.
Al terminar la canción, el vocalista amablemente mencionó
nuestra participación y sin pensarlo, alcé mi brazo, sintiéndome Rambo por un
momento. Bajamos del escenario y el primer comentario a mi compañera fue “¿A
poco ya tocamos?”, como si lo que recién había pasado hubiera sido un sueño. Al
parecer no fue sólo un sueño, ¿o sí lo fue?
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video: Cuando toqué con Viento Roots